El día que Ernesto Murro fue encañonado por la policía y fue testigo del asesinato a un tupamaro

Le golpearon la puerta dos veces. En la segunda, Ernesto Murro y su señora Cristina, embarazada de tres meses, le abrieron la puerta a Leonel Martínez Platero, alias “Javier”, integrante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. Colaboraban desde hacía muy poco, pero igual Murro le prestó una gabardina y se lo llevó sobre su moto marca Rabbit del 62. Era la mañana del 13 de junio de 1972.

Según los archivos de la Secretaría de Derechos Humanos y en base al testimonio de la mlitante tupamara Yessi Macchi, a ella y otros compañeros, entre los que se encontraba Martínez Platero, los sorprendió un operativo conjunto (policía, ejército, etcétera). Fue hasta la casa de un joven Ernesto Murro para pedirle que lo lleve al lugar de los hechos para asistir a los otros tupamaros, pero en el camino los interceptan.

Murro era maestro en la escuela de La Floresta y su señora Cristina de la escuela de Parque del Plata. Algunos de los policías que interceptaron al joven maestro y al militante tupamaro tenían hijos que asistían a las escuelas de esas localidades y eso le salvó la vida. Porque uno de los policías disparó contra Martínez Platero por la espalda y cayó al piso al grito de “¡Asesinos!”.

“¿Qué hiciste?” le preguntó el policía que encañonaba a Murro “¡Me quiso bajar la mano!”, le respondió el que disparó por la espalda. Sin embargo, el departamento 6 de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia le informó al juez militar de instrucción de 6º turno que hubo un intercambio de disparos, que hirieron a Martínez Platero, que la huida prosiguió y que encontraron al mencionado dentro de una vivienda en Parque del Plata.

Ernesto y Cristina decidieron permanecer en sus hogares y trabajos. A la tarde, la policía apresó a Murro en la escuela, delante de los niños. Posteriormente, ellos mismos entregaban cartas asiduamente al maestro, cuando estuvo preso en el Penal de Libertad. El fiscal solicitó cuatro años de prisión, pero el juez le puso cinco años por asociación para delinquir y atentado a la Constitución. Su abogado fue Lumen Martínez Burlé, el padre de Hebe Martínez Burlé.

Conoció a su hijo en la cárcel. Se lo llevó su madre, que hizo el recorrido con Daymán, de tres meses, desde la Costa de Oro canaria hasta el penal ubicado en el departamento de San José.

Según su testimonio, publicado en el libro “Vidas bien vividas”, a los interrogatorios le siguieron los picanazos, los plantones, los submarinos y los golpes. La primera prueba fueron 45 días seguidos de capucha.

Fútbol, chacra y cocina se entremezclaban con carpir, plantones, más torturas. De ese infierno salió en 1977. El día anterior un policía que fue ex compañero de la escuela y del liceo hace una requisa en su celda. “No pasó nada, no entré en las provocaciones”, comentó para el libro.

Lo recibieron su esposa y su hijo, ya con cuatro años. Entró a trabajar en una industria maderera, pero esa ya es otra historia que contaremos mañana en La Ventana.

http://sdh.gub.uy/wps/wcm/connect/sdh/5be32570-6787-4e5d-9164-ea6d7917e7d3/MARTINEZ+PLATERO+Leonel+Raul.pdf?MOD=AJPERES

Un comentario

  1. Interesante historia y muy oportuna ahora que Ernesto Murro, a quién conocí cuando ambos militábamos en el Partido Comunista, él en el sindicato de la madera y el Pit-Cnt y yo en la prensa partidaria, se convirtió sin quererlo en una de las personas más nombradas del país.

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