Lula: mi único héroe en este lío

La popular actriz de la cadena O Globo, Regina Duarte, dijo en 1998: “Yo tengo miedo, miedo de no poder decir que tengo miedo”. Estaba en contra de la segura victoria de la izquierda brasileña. Sin embargo, 18 años después, es Lula da Silva quien va a prisión por un crimen que no está demostrado. La pasión de Lula terminó el sábado 7, la primera noche de doce años de prisión. Pero antes dijo a los brasileños sin miedo que “Los poderosos pueden matar una, dos o tres rosas, pero nunca podrán detener la primavera”.

“¿Qué crimen cometí? ¿Por qué me matan?/ ¿Dónde está la razón de la Justicia?/En la bandera de la Libertad/bordé el amor más grande de mi vida”, decía Mariana Pineda a Pedrosa, el comisario que la apresó, en el clásico de Federico García Lorca. Ese fue el tono del último discurso público antes de partir a la cárcel de Curitiba.

Luis Inácio da Silva nació hace 72 años en Caeté, Pernambuco. Pero Lula nació en 1982, cuando ya líder sindicalista participó por primera vez en una contienda electoral por el Partido de los Trabajadores, buscando el gobierno regional de San Pablo. Fue la reacción a la intervención del sindicato metalúrgico y la prisión de su líder, dos años antes.

“Direitas Ja!”, la asamblea constituyente posdictadura y cuatro elecciones perdidas pasaron hasta la victoria final de 2002, con ideas y discursos que siembran las bases de la república ya no en sentido institucional sino con ese gusto impregnado en lo cotidiano.

“Dicen que la clase media me tiene miedo. Pero, ¿qué es ser de la clase media? ¿Tener una buena casa, un auto, heladera, televisión, ir a la playa el domingo, tomar su cervecita, almorzar en un restaurante con la familia de vez en cuando, cenar? ¡Bueno pero eso es para todo el mundo!”. Y era 1989. El discurso diez años después fue similar, con amplio abrazo al diálogo social y republicano. Ganó y dejó de ser la principal fuerza opositora para ser constructor de gobierno. De la resistencia a la ejecución.

Sacó a 30 millones de brasileños de la pobreza. Bajó el desempleo a tasas inferiores a las de Estados Unidos o Alemania. Es el político más votado en la historia de la humanidad: 52 millones de votos. Fue la victoria del pacto social. Pero se rompió.

Lo acusaron de la remodelación de un tríplex caro como cobro de coima por favores en licitaciones de Petrobrás, basados en un testimonio. “Siempre se supo que esa casa estaba reservada para el exmandatario”, dijo el exdirector de Odebrech Leo Pinheiro. Por un rumor que falta comprobar entró a prisión por 12 años, con dos horas de patio.

Tras una noche tensa, Lula partió a la cárcel. Dejó la herencia más pesada de la historia de Brasil en Guillherme Boulos y Manuela D’Ávila, el recambio generacional de su partido. Así, como Pineda, que frente al coche que la trasladaría a la prisión, dijo a sus acompañantes: “no olviden a mis hijos”.

Documentário: Lula da Silva

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