Sanguinetti y las “tres familias” de la #televisión prohibieron la tanda de Sara Méndez en 1989

Lo afirma José Luis Guntín en su libro autobiográfico “La vida te da sorpresas”, publicado por la editorial Fin de Siglo, en abril de 2010. El entonces presidente Julio María Sanguinetti, y los tres canales privados de televisión, se habían reunido en Presidencia y resuelto no transmitir un video de la madre Sara Méndez, quien pedía conocer el paradero de su hijo, Simón Riquelo, en el marco del intento de anular la ley de impunidad. La información sale en la semana que Sanguinetti acusó a Vázquez de tener miedo ante los medios de comunicación.

Diversos sectores de la sociedad habían recolectado firmas para llevar a referéndum la posibilidad de anular la ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado.

En 1989, José Luis Guntín, ex senador del Partido Colorado, fundador y redactor del semanario Opinar, hombre de confianza del entonces vicepresidente Enrique Tarigo y director del canal 5 en 1994, vivió un episodio en el Edificio Libertad, desde entonces la sede de Presidencia, que cuenta en las páginas 206 a 210.

Los hechos ocurrieron días previos al referéndum de 1989. Guntín cuenta que Sanguinetti estaba imposibilitado constitucionalmente por ser el Presidente de la República de ser “el paladín en contra del “voto verde”, por tanto, le traspasa esta responsabilidad” a Enrique Tarigo, quien “sería el vocero del voto amarillo” en el plebiscito”. “Para Sanguinetti, cuenta Guntín, era más importante el triunfo en el referéndum que la victoria de Tarigo en las elecciones internas, porque de no lograr lo primero, tendría un enorme problema institucional”.

A continuación, tramos textuales de los escritos de Guntín: “El “voto verde” hacía mucho más ruido y las encuestas indicaban que se aproximaba peligrosamente a ser la mayoría. Cada día, descontaba diferencia.

Sanguinetti estaba muy preocupado y, cuanto más inquieto, más eran los avisos que le hacía hacer a Tarigo.

Las cámaras de Canal 10 siempre se encontraban prontas para filmar por orden de De Feo. Los publicistas asesores eran el gordo Ferrero y Roberto Ceruzzi (de Corporación Thompson) (1), y muchas de las reuniones se llevaban a cabo en la residencia presidencial.

Yo, como hombre de confianza de Tarigo, participé en muchas de ellas.

Y así fueron pasando los días y cada vez se fue acercando más la jornada de la votación.

Lo que les voy a contar ahora, sucedió durante la última jornada en que se podía realizar publicidad, es decir, dos días antes del referéndum.

Esa mañana, temprano, serían las nueve, me llamaron urgente de Presidencia para que concurriera al edificio Libertad. Fui lo más rápido que pude.

Subí al séptimo piso y en el despacho del presidente estaban, sentados alrededor de la mesa, Sanguinetti, Tarigo, Miguel Ángel Semino (2), secretario de la Presidencia, Jorge de Feo (3), el ingeniero Horacio Scheck de Canal 12 y Walter Nessi (4), prosecretario de la Presidencia.

Los saludé rápidamente, porque imaginé que el tema era grave y urgente para convocarnos tan temprano en la mañana.

Apenas terminé de saludarlos, el Presidente me dijo que estaban deliberando acerca de un aviso, un tape, que el día anterior, a última hora, había llegado a los canales proveniente de la Comisión pro Referéndum.

“Queríamos que lo vieras y nos dieras tu opinión”, me dijo Sanguinetti. Le contesté: “bueno”, y salí detrás de Nessi a mirarlo.

Aparecía en la pantalla una señora que inmediatamente reconocí. Era Sara Méndez y en el tape hablaba de su tragedia y la de su hijo, Simón Riquelo, desaparecido años atrás.

Hablaba con mucha calma, mirando a la cámara, y contaba su dolor de madre de no saber dónde estaba su hijo. Y afirmaba que el triunfo del “voto verde” podía ayudar a que lo encontrase, porque las circunstancias de su desaparición se investigarían más a fondo. Y que por eso, ella le pedía a quienes la escuchaban que votaran “verde” el domingo próximo, para que ella pudiera reencontrase con su hijo. Todo dicho de un modo muy convincente.

Le pedí a Nessi que me lo dejara ver varias veces. Lo más impactante del aviso era que, después de hablar Sara Méndez, cuando ella se quedaba callada, la cámara continuaba filmándola unos cinco segundos en silencio.

Su cara, su angustia, sus deseos de recuperar a su hijo, su dolor, estaban todos en esos instantes en que ella no hablaba, pero que seguía en pantalla.

Después de la quinta vez en que lo pasó lo miré y le dije a Nessi:

“Está muy bueno”. Entonces, él me dijo que tenía otro proyecto de comercial que quería mostrarme. “Dale”, le contesté.

Ahí me llevó a otro monitor y lo encendió. Comenzaron a aparecer las imágenes y el audio.

Se trataba de otro aviso, no muy acabado. Se refería a la muerte de Pascasio Báez, el peón rural que asesinaron los tupamaros, con total sangre fría, en una “tatucera” cercana a Pan de Azúcar, simplemente porque podía advertir a los uniformados lo que había visto por casualidad.

Pero el spot filmado era largo y confuso. No estaba bien estructurado, y aunque por supuesto eso se podía arreglar, no era un aviso para nada efectivo si se pasaba solamente durante una jornada. El otro, el de Sara Méndez, sí.

Se lo dije enseguida al prosecretario. Él quedó un poco desanimado ante mis palabras, porque creía que con este comercial neutralizaría el efecto del otro. Le expresé que, para mí, no sería así. El aviso de Sara Méndez era muy efectivo en un único día de salida al aire, el otro no. No le quise señalar que el suyo estaba confuso y mal realizado, porque ése no era el punto, pero le aseguré que, en mi opinión, era muy superior el efecto de la pieza enviada por la Comisión pro Referéndum. El contra aviso no servía de nada.

Walter me miró con cara de desilusión y me dijo que volviéramos al despacho del Presidente para que yo les expresara mi opinión.

Volvimos. Seguían las mismas personalidades sentadas en torno de la misma mesa. Todas las miradas se centraron en mí, cuando me senté en un lugar libre.

Sanguinetti me preguntó qué me habían parecido ambos video-tapes. Contesté, más o menos, lo que le había dicho a Nessi. Que el de Sara Méndez me parecía muy efectivo, aunque se pasara durante un único día; y que el otro, el de Pascasio Báez, no servía de nada, resultaba muy confuso y que, aunque se mejorara, no tendría efecto alguno en una única jornada de proyección.

Los rostros de todos los presentes se tensaron. Qué problema se les había aparecido el día previo al receso publicitario!

Hubo un minuto de silencio en la sala. Por fin, alguien me preguntó si me parecía que con ese aviso podía triunfar el “voto verde”. Les pregunté qué decían las encuestas sobre la diferencia existente ahora.

“Ganamos por poco”, me contestó alguien. “ Cuánto es ese poco?” repliqué. “Unos puntos”, oí decir.

“Entonces, este aviso puede hacer que gane el ‘voto verde”, les expresé.

El silencio y los rostros preocupados aumentaron. Lo rompio De Feo, quien le habló directamente al Presidente.

Le dijo que si era así, bastaba una palabra suya para que esa publicidad no apareciese en ninguno de los canales. Lo miró a Scheck, quien asintió. “Hablamos ahora con Hugo Romay y ninguno de los avisos aparece. Podemos argumentar que llegaron tarde a los canales y que ya teníamos las tandas completas” expresó De Feo entusiasmado.

Sanguinetti lo miró y nos miró a todos con cara preocupada. El silencio se hizo más denso en su despacho. Nadie hablaba. Era el turno de que el Presidente decidiera qué hacer.

Demoró en hablar y, cuando lo hizo, le manifestó a De Feo que sí, que se hiciera así, que no saliese el aviso de Sara Méndez. lo dijo en tono muy bajo, apenas se oyó, pero sí de forma concluyente.

De Feo inmediatamente se dirigió al teléfono a llamar a Romay (5) y todos nos fuimos levantando de la mesa para retirarnos.

Yo estaba impactado por lo que había presenciado. Un presidente constitucional había prohibido una publicidad de la oposición. Sin motivo válido alguno. Sólo para no poner en riesgo el resultado de la votación y salvarse de un grave problema institucional.

Me impresionó mucho, pero me quedé callado.

¿Qué podría haber hecho?, me preguntaba después, cuando me alejaba del edificio Libertad. ¿Decir que era una barbaridad antidemocrática? No me animé. Preferí el cómodo silencio.

Quienes no se quedaron en silencio fueron los perjudicados, los censurados. De lo que voy a contar no fui testigo, pero lo sé por los periodistas de Búsqueda. El día de la prohibición del aviso, concurrieron a este semanario la propia Sara Méndez y el señor Hugo Cores a denunciar lo sucedido. Búsqueda lo consignó y Arbilla denunció ante la SIP esta censura de prensa. Creo que en esos tiempos todos creían que había sido acción exclusiva de los canales privados de televisión. No sabían de la participación directa del presidente Sanguinetti que acabo de relatar.

Tres jornadas después, el “voto amarillo” aventajó al “verde” por un margen no muy grande.

Sanguinetti respiró tranquilo y también todos los que lo rodeábamos”.

2 comentarios

    • De Sanguinetti, Nessi, Scheck y Romay no me extraña; De Feo debió de haberse acordado cuando clausuraron la emisión de canal 10 ¡pensar que mi padre lo respetaba!. A usted no le recuerdo (a Tarigo sí, por supuesto), pero la imagen que tengo de su persona a partir de este momento es la de un cobarde que calló cuando debió hablar y patear el tablero; su culpa, su vergüenza, su ¿arrepentimiento? no le salva de la ignominia pública. Por algo a Julio Mª Sanguinetti lo apodaron “El Padrino”. Usted fue (¿es?) uno de sus secuaces.

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