Investigación sobre autogestión en Uruguay asegura que el proceso de cierres masivos de empresas comenzó en la década del 90

El libro “Autogestión. Un rumbo de todos”, elaborado por José López Mercao y Hernán Bello, explica que fue en la década del 90, durante el segundo gobierno de Julio María Sanguinetti y el de Luis Alberto Lacalle, que se perdieron casi el 50% de los puestos de trabajo formales en Uruguay.

“En ese período, no solamente se sientan las bases de nuevas relaciones en el trabajo que perduran hasta hoy, sino que también se acentúa la conmixtión entre los industriales y el sector financiero, que facilita los préstamos blandos y sin control sobre su ejecución, los que habitualmente no se aplican a los propósitos argüidos tales como la innovación tecnológica, diversificación de rubros productivos o generación de fuentes de trabajo, sino que directamente drenan a otros destinos, predominantemente especulativos”, señalan los autores del libro.

López Mercao y Bello presentan una lista de empresas que paulatinamente fueron vaciadas. En 1991, la textil sanducera Paylana “vivió un fortísimo conflicto” (hoy está reconvertida a la autogestión como COTRAPAY); en 1992 “estalló el recordado conflicto de FUNSA con el consiguiente saldo de pérdida de fuentes de trabajo”; en 1993 y 1994 la curtiembre El Águila desmanteló su filial Degaña, donde trabajaban 700 obreras calificadas que producían prendas. “De tener una profesión y un salario interesante, esas compañeras pasaron a la condición de desempleadas, domésticas o titulares de pequeñas unipersonales”, recuerda Nelson Bentancur en el libro, actual jefe de planta de la curtiembre recuperada.

Por esos años también se iniciaba el desmantelamiento de Midober´s, una curtiembre, que comenzó a pasar a sus trabajadores al seguro de paro durante 18 meses. A la vez se profundizaban los problemas del Molino Santa Rosa. “Entre 1998 y 1993 sus anteriores propietarios y la propia Corporación Nacional para el Desarrollo habían acumulado un pasivo de cinco millones de dólares”, recuerdan los autores del libro.

En 1994 comienza a vaciarse La Serrana – industria de chacinados – de la ciudad de Minas que iría a concordato en 1995. En 1996 reducen la plantilla de personal de Polímeros del Uruguay, industria de textiles sintéticos de San José. En 1997 el capital accionario de Mak – un de las pocas empresas semi pesadas de Uruguay – pasa a manos de un empresario paraguayo que luego contrae deudas “con los bancos que engrosarían el pasivo de la firma que entraría en quiebra dos años después”. En ese mismo año “estalla el primero conflicto en la curtiembre Midober´s, que ante el cierre inminente, es ocupada por sus trabajadores en setiembre”.

En 1998 Molino Santa Rosa sufre su segunda crisis y Polímeros Uruguayos entra en una “situación crónica de salarios impagos”. En 1999 el titular de Mak abandona el país y deja cuantiosas deudas; Metzen y Sena envía 400 trabajadores al seguro de paro durante 4 años; cierran Cristalerías del Uruguay; cierra Niboplast “pese a su notoria rentabilidad y deja más de cien operarios en la calle”, quiebra Molino de Santa Rosa y sus trabajadores la organizan como cooperativa.

En 2000 cierra Urreta y envían a todo su personal al seguro de paro; cierra Polímeros Uruguayos; la metalúrgica Estamet se atrasa en los pagos de sueldos, aguinaldos y licencias lo que conduciría posteriormente al cierre; cierra Midober´s; comienza el proceso de remate de Molino Santa Rosa; en mayo de ese año tras más de 400 días de ocupación, los trabajadores de Cristalerías del Uruguay abandonan la planta (actualmente la empresa autogestionada se llama Envidrio).

En 2001 la curtiembre El Águila incrementa su deuda a 10 millones de dólares; Urutransfor (ex Mak) “resigna el 51% de su paquete accionario en manos de privados”; Funsa liquida su línea de neumáticos y trabajo sólo con guantes.

En 2002 renunciaban 18 trabajadores de Urreta a sus haberes impagos “a cambio de un comodato que les permitiría explotar la fuente de Salto durante 15 años”; trabajadores de Calvinor en Artigas ocupan la empresa durante dos años; la ex Mak retoma la producción bajo gestión obrerera como Urutransfor; lo mismo hacen los trabajadores de Niboplast en dependencias del Parque Tecnológico Industrial del Cerro; cierra Ingraco, imprenta en cartonería y envases rígidos, vuelve a producir bajo control obrera al otro año; tras 20 meses de conflicto se constituye la cooperativa Dymac, integrada por 127 trabajadores de las textil; el BROU decreta el remate de la planta industrial de La Serrana; cierra Funsa.

En 2003 cierra COLASE, ex industrial La Serrana; rematan Funsa y los trabajadores acceden al 40% de la maquinaria subastada; los herederos de Metzen y Sena transfieren la titularidad de la empresa a otros particulares, “se procesa el vaciamiento y el cierre estaba a la vuelta de la esquina”; rematan Molinos Santa Rosa y el BROU se hace de las instalaciones; quiebra la empresa de limpieza Jackson y quedan 92 trabajadores en la calle.

 

Publicidad de FUNSA de los años ’90

Empresa FUNSA en la actualidad. Foto: Presidencia.
Empresa FUNSA en la actualidad. Foto: Presidencia.

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