Delitos contra la persona en Uruguay aumentaron 60 % entre 1995-2000 mientras que entre 2005-2010 ascendieron un 13 %

El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, dijo en el desayuno de trabajo de “Somos Uruguay” que si bien en la primera mitad de los noventa los índices de criminalidad evolucionaron de forma estable, a partir de 1995 comenzó a aumentar considerablemente. En el caso de los crímenes contra las personas, aumentaron un 11 % entre 1990 y 1995 y despegaron un 60 % entre 1995-2000. Bajaron a un 13% entre 2005-2010.

Bonomi recordó que en el caso de los crímenes contra las personas en el período 2000-2005 (36%) también crecieron más que en el período 2005-2010 (13%), éste último coincidente con la asunción del Frente Amplio al gobierno.

En el caso de los crímenes contra la propiedad, Bonomi puntualizó que hubo un incremento del 33 % para la primera mitad de la década del 90 y del 17 % en la segunda mitad. El crecimiento importante de estos delitos ocurrió en el primer lustro del siglo XXI (2000-2005), cuando experimentaron un aumento del 74 % que en términos absolutos implicó un salto de 83.349 a 144.989.

Para Bonomi la crisis del año 2002 significó para Uruguay un quiebre social que “hasta el día de hoy lo estamos sintiendo. A su vez hay un conjunto de nuevas situaciones que han cambiado la clave de la convivencia y obligan a repensar los mecanismos de control social en Uruguay”. 

Recordó que en 2002 la pobreza abarcaba al 39,7 % de la población y en 2012 está en 12,4 %, se redujo un 65 %; el desempleo registró niveles de hasta 20 % en 2002, en 2012 está en 5,7 %; la indigencia creció entonces hasta el 5 % de la población y hoy está en 0,4 %. “Aquellos vientos trajeron sus consecuencias sociales y políticas que cambiaron la construcción del relato de identidad nacional del siglo XXI en Uruguay”, añadió.

Sin embargo, el jerarca reflexionó: “No hay un correlato automático entre el descenso de los delitos y el mayor crecimiento de la economía. Este fenómeno se produce cuando una persona participa de actividades criminales durante la recesión económica, pierde vínculos relevantes con la actividad legal y formal de la economía, al tiempo que crece su capital humano criminal; es decir aprende a cometer crímenes, se especializa y perfecciona. A su vez, genera vínculos sociales y redes que luego determinan lealtades y fidelidades que son difíciles de quebrar”.

Este proceso hace más complejo el retorno de estas personas al sector legal de la economía una vez que la crisis y la recesión terminaron. A esta dinámica le tenemos que agregar el componente territorial que homogeneiza social y culturalmente barrios de la periferia, reproduce una cultura de disputa de la legitimidad de la autoridad”, agregó. 

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