Un poco de decencia

Luego de las ya conocidas declaraciones de Ope Pasquet que provocó el cruce con Jorge Batlle y Julio María Sanguientti, el líder actual del Partido Colorado, Pedro Bordaberry, escribió una carta donde afirmó: “Me resisto a seguir discutiendo hacia atrás y creo que hay que hablar del mañana”.

Existen dos aspectos por lo cuales los uruguayos, tal vez casi todos, estemos obligados a hablar del pasado reciente.

En Uruguay hubo terrorismo de Estado. Implicó un plan sistemático perpetrado desde el Estado donde se utilizó su infraestructura para perseguir, secuestrar, torturar, asesinar y desaparecer a personas opuestas al régimen. La Escuela de las Américas fue el lugar donde “educaron” a varios militares uruguayos para aplicar estas técnicas en nuestro país.

Otra caracterización del terrorismo de Estado fue el monopolio discursivo de los medios de comunicación. Parece mentira pero hasta el día de hoy funciona de forma natural su concepción ideológica, cuando surgen una especie de operadores de prensa pidiendo olvidar lo ocurrido, trasladando  aquella realidad a términos de “amigos que se pelearon y que están a tiempo de reconciliarse”.

Otros ejemplos de terrorismo de Estado en Uruguay: el pasaje directo a la cárcel sin la intermediación del Poder Judicial, el cierre de medios y la censura que hoy tanto preocupan a algunos por el proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, la expulsión del país.

Por todos estos hechos fueron procesados con prisión militares y civiles. Uno de ellos fue Juan María Bordaberry, condenado por atentado a la Constitución en reiteración real, desaparición forzada y asesinato.

Olvidarse de esto es una incorrecta posición política. Sobre todo porque la democracia que tenemos debió ser arrancada de las manos de los dictadores por el pueblo uruguayo, en aquel plebiscito de 1980, donde se le negó a los militares reformar la Constitución para que continuaran detentando el poder político. Al pueblo uruguayo nadie le regaló nada. Al contrario. Y además de incorrecto sería muy poco inteligente no tener presente que la democracia se protege. Renunciando a recordar las experiencias vividas no hacemos más que descuidar nuestra mejor imperfección.

El segundo aspecto que obliga a los uruguayos a no olvidar son los niños y adultos aún desaparecidos. Sus familiares los están buscando. Aún hay desenterramientos en algunos predios militares. ¿Cómo les decimos a las abuelas y a las madres que olviden y miren el mañana? 

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